sábado, 26 de septiembre de 2020

LAS 80 COSAS QUE ME ENSEÑÓ MI MAMÁ


Dedicado a Ligia Bertha Vásquez de Santander en su cumpleaños No.80 

26 de septiembre de 1940, una fecha inolvidable.

Viví con ella 24 años de mi vida, en el año 24 me casé, y este mes cumplo 25 de vivir con mi esposo. Y aunque son miles y miles de cosas grandes y pequeñas que me enseñó mí mamá, hoy, por ser su cumpleaños número 80, solo voy a enumerar las primeras 80 enseñanzas que vienen a mi memoria. 

Nota: Aún casada sigo aprendiendo de ella, no hay mejor libro que su vida y no hay mejor consejo que el que ella da.

A ti mami, mi consejera predilecta, mi modelo y mi ejemplo:


1. Me enseñaste a amar a Dios, a tenerle reverencia, honra, a tenerlo en mis pensamientos desde niña.

2. Me enseñaste que hay muchas formas de hacer las cosas, pero solo una funciona, y es cuando se hacen bien, con amor y ganas. Eso aplica para todo en la vida, desde la limpieza que debía hacer todos los fines de semana cuando no iba al colegio, hasta la crianza de los hijos.

3. Me enseñaste que a todo el mundo se le ve mal, pero en el caso de las mujeres, se ve “peor” cuando se emborrachan y cuando dicen vulgaridades, y yo aún lo sigo creyendo. 

4. Me enseñaste a defenderme de quiénes me ofendían o me hacían bulling en el colegio, porque para ella cada palabra siempre tiene una respuesta, ella fue campeona en avisparme para que nadie me ganara jejejeje, las respuestas que me enseñaste eran elegantes, sarcásticas, algunas un poco ofensivas sin ser vulgares, al grano y a tiempo. Ejemplo: cuando en el colegio las niñas me decían enana o fea o lo que sea, yo les podía responder autorizada por mi mamá: “Ni lo soy, ni lo siento, cara de burro hambriento” o les decía “aparten la basura para que pase esta hermosura” estas eran cosas enseñadas por ti.

5. Me enseñaste que los perfumes más finos vienen en envases pequeños, eso cuando al llegar a la adolescencia muchas niñas eran más altas que yo. 

6. Me aumentaste la autoestima, me afirmaste todo el tiempo, me decías que era bella, pero que más vale una conversación amena e interesante y una mujer inteligente porque esa belleza interior siempre dura más.

7. Me enseñaste que toda cosa buena empieza soñando, preparaste mis alas para volar, y a mirar siempre que todo lo que pasa bajo el cielo tiene un propósito.

8. Me enseñaste a estar siempre alegre, a que a las malas noticias o circunstancias se les pone buena cara, y me regañabas si me quejaba demasiado.

9. Me enseñaste a amar la música, boleros, música romántica, a cantar mientras hacía oficio en la casa, barriendo, trapeando, bañándome, aún en el oficio que menos me gustaba que es planchar. 

10. Me enseñaste que siempre debo oler bien, que mi hijo debe oler bien y que si soy buena esposa, mi esposo y su ropa deben oler bien. 

11. Me enseñaste que la ropa limpia huele rico, que la cama debe oler a limpio, que TODO, absolutamente todo debe oler a limpio y el olor a limpio es “rico”.

12. Me enseñaste a caminar erguida, a no bajar los hombros, a ser segura de quien soy.

13. Me enseñaste que las cosas se hacían enseguida, que la obediencia era inmediata.

14. Me enseñaste muchos dichos que aún conservo: “Yo no se de agujas, María es la que cose”, “No sea bobo pa que lo tumben” “Barco parado no gana flete”

15. Me enseñaste a que no debo dar lugar a la pereza, siempre me decías “todo flojo es puerco” y si bien nuestra casa en el barrio El Campito, no era lujosa ni mucho menos, siempre estuvo limpia y oliendo bien, porque ella a todos nos ponía oficio.

16. Me enseñaste que una esposa debe atender a su esposo, cuidarlo en casa, cuidar lo que come, lo que viste y estar al tanto de lo que ocurre en casa. 

17. Me enseñaste a través del ejemplo, cómo administrar el dinero cuando había muy poco y eran muchas bocas.

18. ¡Me enseñaste a cocinar y a hacerlo bien! A que la sazón está en los dedos, pero sobre todo en el amor que pongamos al preparar los alimentos.

19. Aún a estas alturas, ella de 80 y yo de casi 50, me explica como preparar platillos, me manda mensajes de voz con las instrucciones.

20. Me dijo que debía estudiar mucho, que estudiando y siendo diligente iba a progresar.

21. Me enseñaste a respetar a los mayores, a que a la gente mayor y de autoridad se le trataba de usted, eso de tutear no va con ella. Aunque yo he sido tan fresca.

22. Me enseñaste el valor de las cosas, cosas que creía no servían, tu me enseñaste a reparar, limpiar y darles un nuevo uso.

23. Me llamabas María Frasquito porque me gustaba llevar a la casa cuanto frasco me encontraba en la calle, sobre todo si eran de formas llamativas, los lavaba y jugaba con ellos, pero aunque me decías así, nunca me desalentaste a no seguirlos buscando y coleccionando.

24. Me enseñaste a ser generosa, a dar sin mirar a quién ni la cantidad

25. Me enseñaste a pensar siempre en grande, a no apocar mis sueños, y a soñar de la mano de Dios.

26. Nunca fuiste muy religiosa pero si creyente, cada vez que uno de tus hijos nacía, lo entregabas a nuestro amado Dios y eso aprendí de ti. Mi hijo le pertenece a Dios desde que estaba en mi vientre.

27. Me enseñaste a conversar, y aunque ahora te distraigas y me salgas con otro tema mientras conversamos, desde niña teníamos las conversaciones más interesantes y profundas.

28. Me enseñaste a darle valor al conocimiento, la capacitación y la superación, decías “estudia hija, para que tengas libertad financiera y viajes, compres un carro, y hagas muchas de las cosas que te gustan”.

29. Me enseñaste a planchar y creo que eso se lo enseñaste a todas las señoras que llegaban a planchar a la casa, jajajajaja que risa, para ti nadie sabía hacerlo, así que las contratabas, les enseñabas y luego si durabas años con ellas, porque ya te habían “cogido la caída”.

30. Me enseñaste a lavar bien la ropa a mano, recuerdo que me ponías la ropa en la batea y me supervisabas, luego esperabas a que se secara y la olías, si había algo que no tenía el olor adecuado (a limpio), lo mojabas y yo debía volver a lavar, esa vez por supuesto lo hacía muy bien.

31. Me enseñaste que a que las malas palabras nunca se escuchan bien en ninguna boca. Recuerdo que a mis hermanos les decías que les ibas a lavar la boca con jabón si a alguno se le escapaba una en tu presencia.

32. Me enseñaste el valor de la amistad, eres amiga de tus amigas hasta el último día.

33. Ayudar a otros es parte de tu consigna y eso lo dejaste impregnado en mí.

34. Una cosa que me enseñaste, pero que no aprendí es a que siempre se debe hacer más comida por si acaso llega alguien de visita. Yo aún cocino estricto.

35. Me enseñaste a atender a los amigos de mi hijo como a mi propio hijo. Eso hacías con nuestros amigos, los atendías como a reyes en comida, que estuvieran cómodos, a ellos les encantaba ir a nuestra casa, siempre encontraban comida, un consejo, un oído que los escuchaba.

36. Me enseñaste a generar confianza en la gente. “Pase, siga, coja lo que necesite” eso hacías con los vecinos, con los amigos, con la familia, etc.

37. Me enseñaste a perdonar rápido, cuando peleaba con mis hermanos, amigas o contigo misma, cuando me regañabas y quería seguir rabiosa, dejabas que se me pasara la rabia un momento y luego hablabas conmigo.

38. A ti debo mi gusto por el chocolate y por un helado, pero también por las verduras de todo tipo.

39. Me dijiste que una mujer debe cuidar siempre su piel, cremas desde los 15 decías.

40. Cuando tuve acné muy fuerte en la adolescencia me guiabas para que no me quedaran cicatrices.

41. Me enseñaste a cuidar a los enfermos, a preparar las sopitas y bebidas calientes más sanadoras que conozco.

42. Viendo como atendías a tu mamá y a tu suegra, me enseñaste a cuidar de los ancianos. Les cortabas las uñas, las peinabas, las atendías con todo el amor y el gusto. Nunca te vi renegar de eso.

43. Esos masajes y sobos deliciosos cuando nos dolía algo, uff como los extraño, tanto que cuando me enfermo le digo a mi esposo que quiero volver a estar contigo. Pero me enseñaste a hacerlo con mi esposo y mi hijo

44. Me enseñaste a que hay que bañarse no solo en el día, sino cada noche antes de acostarse y por supuesto perfumarse, así las sábanas no se ensuciaban tanto.

45. Me dijiste que podía ser lo que quisiera ser, que todo lo que me propondría lo iba a lograr.

46. Me enseñaste a tener fe en Dios, pero también en mi misma, a pensar que siempre todo lo que pasaba ayudaba para bien.

47. Me enseñaste a amar a mis hermanos con sus defectos y virtudes, y aunque tuve un tiempo en que me fastidiaban con sus bromas pesadas y pensaba que no los soportaba, entendí que son un regalo maravilloso del cielo a mi vida y no podría vivir la vida sin ellos.

48. Me enseñaste a ser independiente del hombre, pero dependiente de Dios.

49. Me enseñaste a querer ser la mejor en lo que hacía, estudiar, leer y capacitarme para que “nadie me echara cuento”.

50. Me enseñaste a que lo blanco se lava con lo blanco, a despercudir la ropa blanca, aunque todavía me falta mucho para llegar a tu nivel.

51. Me enseñaste a coser a mano, a coger un dobladillo y a zurcir lo que estaba roto.

52. Intentaste tantas veces enseñarme a tejer y el punto de cruz, pero no le tenía paciencia y eras tu quien me terminaba el trabajo de tejido.

53. Entendiste mi apatía hacia las matemáticas y me apoyaste cuando me incliné completamente por las humanidades.

54. Me apoyaste cuando a los 13 años dije que quería ser periodista y nunca cambié de parecer.

55. Me apoyaste comprándome mi primera máquina de escribir, ahorraste con lo producido por la modistería, arte con el que ayudabas a mi papá que tenía que sostener una casa y 4 pelaos.

56. Me alcahueteabas todos mis inventos en el colegio: ser reina, salir en cuanto fandango, ser actriz en cada obra de teatro, cantar en el coro, siempre dispuesta a coser el disfraz, a acompañarme a ensayar.

57. Me apoyaste y te sentiste orgullosa cuando me metí al grupo “Lady” cantando y bailando en cuanto acto nos invitaban.

58. Lloraste conmigo, pero también me secaste mis primeras lágrimas por amor, me dijiste: “no te preocupes, todo esto pasará” y así fue.

59. Me enseñaste a ceder mi lugar, dejaste de ir a mi grado profesional, para que mi tía Gelso, que era mi madrina pudiese ir.

60. Me enseñaste a ser agradecida, a no dar todo por sentado, y que lo más mínimo hay que agradecerlo.

61. Me enseñaste a tener un ojo fino para detectar la mugre, cosa que no te agradezco jajajajajaja, eso no me deja vivir en paz.

62. Nunca nos sacas en cara los grandes sacrificios que has hecho por nosotros, por tus hijos y tu esposo, cada madrugada, cada trasnochada, cada día de limpiar, cocinar, atender, y hacernos creer que nunca te cansabas.

63. Me enseñaste a no ser celosa, pero eso no lo aprendí jejejejeje, nunca celaste a mi papá, que bien coqueto que era.

64. Atendiste a tu esposo soportando su genio y su enfermedad que lo acababa día a día, sin quejarte, sin decir por qué a mi, tu capacidad de aguante es increíble.

65. Me enseñaste a servir con pasión, a dar la milla extra siempre.

66. Me enseñaste a ser creativa en todo.

67. Me enseñaste a leer y a escribir, pero nunca entendí tu forma de restar y dividir.

68. Me enseñaste a sonreír de oreja a oreja sin engaños ni trampas.

69. Me enseñaste a decir la verdad, aunque significara un castigo por haber hecho algo indebido.

70. Me apoyaste cuando empecé mi relación con el que hoy en día es mi esposo, aunque teníamos a todo el mundo en contra, creíste en nosotros y nos apoyaste.

71. Eres especialmente amorosa con tus nietos, pero es un amor que enternece pero no malcría, y eso ellos lo saben bien, así seré yo con los míos.

72. Eras especialista en captar muy rápido cada cosa, y eso me lo enseñaste o lo heredé, no lo se bien.

73. Te decíamos Speddy González por lo rápida en todo, y hoy me veo siendo igual. Las personas que trabajaron contigo y luego conmigo me decían, señora Mónica usted es igual de rápida que la señora Bertha, y yo me llenaba de orgullo. Rápido pero bien hecho.

74. Me enseñaste a hacer mercado, a escoger bien las cebollas, los tomates, los aguacates, a que no me metan gato por liebre, a cuándo está buena y fresca una verdura.

75. Y aunque mi papá se quejaba diciendo que él no era morrocoya para que le hicieras comer verduras, nos enseñaste así sea a la fuerza a comer de todo, pero muchas más las verduras.

76. Me enseñaste cómo bañar a los bebés recién nacidos, me convertí en una experta, a cargarlos, ponerles pañal, sacar gases y demás, de manera que cuando tuve a mi hijo, ya sabía todo eso.

77. Me enseñaste a que debía saber hacer de TODOOOOO porque como siempre dices: “El que no sabe hacer no sabe mandar”.

78. Me enseñaste a administrar mi hogar viendo cómo lo hacías de bien.

79. Me enseñaste con tu ejemplo, que la mujer virtuosa de proverbios 31:10 si existe y esa eres tu madre hermosa.

80. ¡¡¡Me enseñaste a ser mamá, viéndote ser la mejor!!! Gracias mami.